EL ASCENDENTE TAURO
El ascendente describe la forma en que un individuo se encuentra con el mundo por primera vez y la textura de ese primer contacto. Es el punto por el cual recibimos una sabiduría particular que podemos llegar a desarrollar. También, es la manera en que la totalidad del cosmos entra en contacto con la unidad particular que somos cada uno de nosotros.
Si bien el ascendente Aries está relacionado con los dones de la mente, el ascendente Tauro es el arquetipo del sustentador, el que da cuerpo a la visión, a la semilla, al pensamiento de Aries.
Tauro no tiene prisa porque sabe que lo que vale la pena permanece. Su paciencia no es pasividad: es certeza de la tierra que sabe que la semilla germinará a su tiempo. Por su profundo arraigo con el mundo de la forma, su lección es la comprensión y transmutación del deseo.
TAURO Y LA FORMA
El ascendente Tauro se presenta ante el mundo con una actitud de calma y una presencia física muy tangible que genera estabilidad. Este ascendente entra en relación con el mundo desde una perspectiva en que el contacto con lo que se puede sentir, palpar, disfrutar a través de los sentidos es fundamental, así, la comida, los objetos, la belleza visible y el ritmo del cuerpo forman parte de ello. De la interacción entre los sentidos y los objetos surge el deseo de poseer, de sentir lo que se percibe como agradable. Así, se abre la puerta de un ciclo interminable donde constantemente se busca en el exterior lo que va a satisfacernos y que termina convirtiéndose en una compulsión de poseer o experimentar como una defensa contra la angustia de la sensación de pérdida, de vacío.
LO QUE NOS ENSEÑA EL BUDISMO
En el budismo tibetano, el deseo no es simplemente una fuerza, sino que se le considera según su raíz, su función y su potencial de transformación y de esta forma se lo sitúa en el centro del proceso de liberación. Existe el deseo que esclaviza y que se convierte en neurótico o compulsivo. Su raíz está en una percepción errónea alimentada por la ignorancia, el apego y la aversión, que a su vez son las causas principales del sufrimiento. Ese deseo de poseer genera sufrimiento porque nunca se puede satisfacer plenamente, independientemente de cuanto se pueda llegar a tener. Ese deseo compulsivo termina convirtiéndose en lo que el budismo denomina: un fantasma hambriento. Un ser que desea comer hasta llenarse, pero con la dificultad de no tener un estómago y por lo tanto nunca poder experimentar la sensación de estar satisfecho.
Por otra parte, existe el deseo manifestado como intención o aspiración y se entiende como la voluntad de actuar conscientemente. Es una energía neutral que puede tornarse positiva cuando se dirige hacia el bienestar de los demás o hacia el despertar espiritual. Como en el caso del deseo de un Bodhisattva de ayudar a todos los seres sintientes.
LA MAGIA DE LA TRANSFORMACIÓN
El deseo que esclaviza genera un vacío o sensación de carencia, impulsando a la mente a buscar algo externo para completarse, fallando una y otra vez. Sin embargo, esa pasión, esa energía que intenta poseer se visualiza como una materia prima que al ser transmutada se convierte en el combustible para el despertar espiritual, transformando la pasión ciega en sabiduría.
Así, en el budismo tibetano no se busca la eliminación del deseo, sino su transmutación. En lugar de ver el deseo como un obstáculo insuperable, se aprovecha su inmensa energía y se ve su potencial como una fuerza necesaria, que bien empleada, permite alcanzar la iluminación de forma acelerada. Desde esta perspectiva, el deseo es una fuerza impulsora y transformadora que no se ve como algo negativo que deba reprimirse, sino como una herramienta espiritual que tiene un enorme potencial cuando se alinea correctamente.
EL CAMINO
La magia de aprender a disfrutar plenamente lo que está frente a nosotros, convirtiendo las experiencias en meditaciones en movimiento, donde hay una entrega total a ese presente y a lo que nos trae, nos permite liberarnos del deseo que esclaviza. Y transmutar ese deseo a través de la plena presencia, en lugar de alimentarlo desde la mente donde nunca va a ser satisfecho es el camino.
Con lo anterior podemos reconocer la posibilidad de acceder al disfrute desde la atención plena lo cual nos permite aprender que: Lo verdaderamente valioso no puede ser retenido por la fuerza, ni acumulado, sólamente puede ser habitado.
Olga Lucia Toro
Astróloga. Psicóloga y Periodista, U. Sabana.
Master In Mental Health, FAU.
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