En esta ocasión iniciamos nuestro viaje cósmico en la biblioteca de la universidad de Yale, en Connecticut, Estados Unidos donde feliz como ratón de biblioteca, me encontré una fascinante exhibición en línea titulada: Astrología Médica. Te invito a que me acompañes, ya que allí, encontraremos una colección de imágenes, así como también manuscritos médicos, tratados astronómicos, calendarios y efemérides. Todos son originales provenientes de diferentes bibliotecas y en diferentes idiomas como latín inglés y alemán y datan de los siglos XV, XVI y XV.
Sabemos que aunque en la actualidad la astrología no es un conocimiento que se estudie en las universidades más prestigiosas del mundo, es interesante encontrar que en la antiguedad tuvo un papel fundamental en la formación de médicos, cirujanos y personas dedicadas al cuidado de la salud. La exhibición nos cuenta que, a nivel universitario, la astrología se estudiaba como parte del grado en artes que se exigía antes de los estudios de posgrado en medicina. Y comenta que a principios del siglo XVI, las publicaciones educativas sobre este tema eran ampliamente accesibles y utilizadas por quienes se dedicaban al arte de curar.
La exposición de la Universidad de Yale también nos dice que existía un refrán común entre los médicos de la época moderna temprana en Europa, es decir entre los siglos XV, XVI y XVII. Ellos afirmaban que una persona sin conocimiento de la astrología, no estaba calificada para ser llamada médico. Obviamente, no todos los médicos de la época compartían esta opinión. Por eso, a finales del siglo XVI, el uso de la astrología en la medicina era un tema de acalorados debates entre quienes estaban de acuerdo con sus conocimientos y aplicación y quienes la rechazaban.
Sin embargo, ambas partes estaban de acuerdo con la idea de que los movimientos celestes influyen en ciertos eventos terrestres como el clima, la temperatura y las mareas. Y esta era, por supuesto, una proposición ampliamente aceptada por la mayoría, aunque no se conocieran las razones, ni se tuviera el acceso a las bases de datos, ni a los satélites meteorológicos que tenemos en la actualidad. Se sabía por experiencia y observaciones que el movimiento de los cielos afectaba el clima y por esta razón se consideraba que podía influir en la fisiología humana.
Una de las ideas fundamentales de la astrología médica es la aplicación del concepto de los cuatro elementos en la salud, una apreciación que es afín con la medicina ayurvédica, la medicina china y la medicina tibetana, aunque con algunos ajustes. Desde esta perspectiva, los cuatro elementos: fuego, tierra, aire y agua tienen unas correspondencias físicas y psicológicas. Así, al analizar una carta astral, es posible determinar el porcentaje de estos elementos y al conocerlo se le puede indicar a la persona los correctivos necesarios para lograr el balance. Por ejemplo, y en términos muy generales, si la persona tiene poca tierra en su carta astral, va a tender a tener dificultad para concretar sus ideas. Entonces, le va a ayudar hacer “grounding”, jardinería y estar en contacto con la naturaleza. Por el contrario, un exceso de tierra, lleva a la rigidez (mental o física) y se puede trabajar a través de la yoga para promover la flexibilidad o la tarea intelectual de abrirnos conscientemente a nuevas ideas, aunque nos cause resistencia.
La exhibición de astrología médica de Yale nos presenta gráficos en los que aparece el cuerpo humano y sus diferentes partes, asociadas a los doce signos del zodiaco. Se pensaba que el microcosmos del cuerpo humano contenía las relaciones cósmicas del macrocosmos. Así que, una figura masculina desnuda era una ilustración familiar en muchos manuscritos de los siglos XV, XVI y XVII. De pie con las piernas y los brazos ligeramente separados, las doce imágenes o nombres del zodiaco se superponen sobre el cuerpo, desde la cabeza (Aries, el primer signo) pasando por los brazos (Géminis, el tercer signo) las caderas y los muslos (Sagitario, el noveno signo) hasta los pies (Piscis, el último signo). Se utilizaba como referencia rápida por médicos, cirujanos y personas dedicadas al arte de curar. De esta manera, una vez determinado el signo correcto para la parte del cuerpo en cuestión, podía encontrarse el momento propicio para una cirugía, una sangría o la administración de un medicamento.
En la antigüedad y hasta hace menos de cincuenta años, calcular los diversos componentes de un horóscopo requería una gran habilidad matemática. Sin embargo, los médicos del siglo XV en adelante no calculaban cada elemento por sí mismos. En su lugar, se valían de efemérides de reconocida reputación, como las publicadas por Johannes Regiomontano en la década de 1470 que contenían las posiciones matemáticas y zodiacales diarias de los cuerpos planetarios para un determinado lugar, a lo largo de varios años.
Y, aunque los libros de las efemérides son aún muy empleados, el cálculo de la carta astral está al alcance de nuestras manos en los celulares y ordenadores, a través de varias aplicaciones que ofrecen datos muy precisos. Lo que hasta hace unas décadas, daba lugar a una tarea manual dispendiosa hoy se hace en segundos.
La astrología sigue siendo fuente de un gran misterio que nos permite comprender nuestra naturaleza, potencialidades y nuestro lugar en el universo y por tanto es un tema apasionante que te invito a seguir explorando.
En el próximo blog continuaremos estudiando la relación entre los diferentes signos y la salud física y mental.
Olga Lucia Toro
Astróloga. Psicóloga y Periodista, U. Sabana.
Master In Mental Health, FAU.
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