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LUNA LLENA DE ESPIRITUALIDAD

La luna llena de Tauro se conoce como el festival del Buda y marca un punto muy elevado de energía que nos abre a la posibilidad de transmutar nuestros deseos materialistas en aspiración espiritual. Es la puerta de entrada a una manifestación del deseo cada vez más elevada, creativa, cooperativa y evolucionada. Así que adentrémonos un poco en el Buda y su enseñanza para acercarnos a esta comprensión.

QUIEN ERA EL BUDHA

Buda es el título que se le da a “el que está despierto” a la verdadera naturaleza de la realidad. Su nombre era Siddhartha Gautama y nació en Lumbini (hoy Nepal) durante una luna llena en Tauro. Su padre recibió la profecía de que iba a ser un poderoso rey o un gran líder espiritual. Así que, para mantenerlo como heredero al trono, puso a su disposición todos los placeres que un príncipe podía tener y evitó que viera la realidad de la vida por 29 años. Sin embargo, Siddhartha renuncio a su principado para ir en busca de un camino espiritual. Después de conocer el lujo, se volvió asceta y luego encontró lo que se conoce como el camino del medio. Se iluminó a los 35 años en la luna llena de Tauro para dedicarse luego a impartir sus enseñanzas hasta los 80 años de edad, cuando abandonó este plano de existencia durante una luna llena en Tauro.

EL DHARMA

Sus enseñanzas se conocen como el dharma y comprenden las cuatro nobles verdades y el óctuple sendero, entre otras. El término Dharma es de origen sánscrito y se puede entender como el orden universal que toca la realidad más profunda de nuestra vida y el cosmos. Es una ley superior sagrada. Dharma es un concepto que significa protección y que forma parte de tradiciones como el hinduismo, jainismo y el budismo.

El Dharma nos enseña que la naturaleza básica primordial está en constante movimiento, generando formas, cambiando constantemente, manifestándose y muriendo para regenerarse. Es una invitación a llevar una vida en armonía con la naturaleza búdica o primordial, inherente que todos poseemos y está oculta, pero puede ser revelada a través de la experimentación de la consciencia intrínseca que tenemos. Y nos dice que cuando la experimentamos, se puede vivenciar un gozo puro que va más allá de las palabras.

EL DHARMA EN EL DÍA A DÍA

En sus enseñanzas, el Buda nos habla de la impermanencia, no como un concepto sino como una realidad que puede ser vivenciada a través de la contemplación de la naturaleza y la apreciación de los cambios que suceden en nosotros y a nuestro alrededor (basta mirarnos al espejo, a lo largo de los años, para comprobarlo). Aplicar esta enseñanza, nos ayuda a estar en el presente y ver los cambios con naturalidad para tomar consciencia de cada instante y reconocer que es único. El opuesto es aferrarnos a lo que deseamos, rechazar los cambios y no permitirnos experimentarlos, lo cual nos genera sufrimiento. 

Otro elemento clave en el budismo es la interdependencia, la cual puede ser vivida al reconocer el tejido que nos une al planeta y al cosmos y ver cómo la danza permanente de intercambios nunca cesa. Nos invita a darnos cuenta de que somos parte de un universo mucho más vasto de lo que podemos imaginar. Y a nivel personal, nos indica que a través de prácticas como la atención plena podemos reconocer cómo nuestros pensamientos, acciones y emociones tienen un impacto sobre nosotros, en nuestras relaciones, nuestro ambiente y, por supuesto, en los otros. 

El Buda también nos dice que no debemos creer ciegamente en sus enseñanzas, sino que debemos poner a prueba lo que nos dice y con ello nos invita a pasar del nivel intelectual a lo experiencial para así acceder a la sabiduría. Entonces, podemos llegar a una comprensión profunda de la impermanencia y la interdependencia. Y como resultado, podemos manifestar mayor claridad para interactuar con nuestro ambiente, encontrando respuestas creativas, innovadoras y acordes con nuestro propio camino de vida.

Otro eje fundamental en la enseñanza budista es el concepto de bodichita, el cual se refiere a la compasión sin discriminación. Nos habla de la determinación para desarrollar afecto por nosotros mismos y todos los seres sintientes. Y también de mantener el firme propósito de desarrollar nuestras cualidades para ponerlas al servicio de los demás, con lo cual aplicamos el concepto de interdependencia. Para ello, es necesario tener confianza en que nuestra aspiración es posible y que en nuestra naturaleza básica está el potencial para lograrlo. También consiste en tener confianza de que a través de la disciplina y la constancia podemos manifestarlo. Pensemos que es como querer lograr una meta o conquistar la cima de una alta montaña. Entonces, vamos a necesitar confianza para aventurarnos a hacerlo y constancia para mantenernos en el camino. 

TRANSMUTANDO EL DESEO

El deseo es posible de ser transmutado porque es cambiante, temporal y porque, en su nivel más profundo, aspira solo a un “conocer absoluto”. Para el budismo, la espiritualidad es la naturaleza básica de la mente y nos dice que es tan normal como la respiración es a la vida. Nos afirma que es paz, amor, compasión, sabiduría y, por lo tanto, una fuente constante de bienestar. El deseo nos puede inquietar y alejar de esa naturaleza básica, pero también a través de su aspiración natural, nos puede reconectar con ella. Y al hacerlo, nuestra integridad, libertad, gozo y espontaneidad, es decir, la riqueza ilimitada de nuestra naturaleza básica, se restaura. Es así como el deseo se transforma en la más alta aspiración que reposa en la espiritualidad, o sea en la naturaleza básica de la mente.    

Cuanto más conscientes somos, nos hacemos menos predecibles, más libres de nuestros deseos, en lugar de aferrarnos a ellos, menos dependientes de un destino prefijado al comprender que las estrellas inclinan, pero no determinan y nos abrimos a experimentar más gozo en nuestra vida. El budismo entiende que los lineamientos del dharma nos permiten liberarnos de las influencias sociales, culturales y aún planetarias. El dharma nos enseña a ser conscientes. Y ser conscientes nos permite conectar con la naturaleza básica de la mente y acceder a la plenitud de la existencia. Así que, con serenidad, constancia, atención plena y todas las cualidades que nos brinda el dharma, te invito a recibir esta luna llena de luz.

Olga Lucia Toro

Astróloga.

Psicóloga y Periodista, U. Sabana. 

Master In Mental Health, FAU.

23 de abril de 2024

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